Hasta hace poco, cada día sentía que estaba siendo seguido por alguien o por algo tras mi espalda. A veces me volteaba esperando corroborar mis sospechas, pero jamás veía nada que escapara a la monotonía de mi andar cotidiano.
Sin embargo, casi por casualidad me he llegado a encontrar con mi perseguidor. Al momento de hacerle frente pude entender muchas cosas. Me di cuenta de que lo importante no era finalmente saber su identidad, sino que el significado de la persecución.
Para poder explicar esto tengo que remontarme a los comienzos de aquella sensación.
Los primeros indicios surgieron en esos días en que comencé a ir al parque en las mañanas cada vez que tenía tiempo libre. No iba a jugar con los otros niños, aunque de vez en cuando los observaba sin tratar de integrarme sino más bien de entender su actitud. A decir verdad, en cambio yo prefería estar sentado bajo los árboles viendo como ocurrían las cosas.
En una ocasión me percaté en un sector apartado del parque de un par de hombres de avanzada edad que parecían prestar excesiva atención a un tablero con cuadros y muy adornado apoyado en una mesa frente a la que estaban sentados. Tras acercarme, pude apreciar que movían unas piezas en él, cada uno a la vez con una concentración y dedicación impresionante. Eso captó mi atención más que ninguna otra cosa: ver como toda pieza tenía una razón de estar en ese tablero y lo importante de que no faltara ninguna así como la relevancia de cada jugada. Aquella idea jamás abandonó mi mente.
Aquel día, y en los que lo siguieron, yo simplemente me dedicaba a observar la forma en que aquellos dos hombres jugaban el ajedrez –como aprendí más tarde que se llamaba- tratando de entender la importancia que le daban a cada pieza, a medida que mientras comenzaban a surgir pensamientos que marcarían mi forma de entender el mundo, atrás de mí una nueva sombra parecía ser proyectada por algo que no podía ver, naciendo en mí de esa forma la sospecha de que estaba siendo seguido.
Ir al parque y observar el movimiento de las piezas tratando de averiguar por me llamaba tanto la atención aquel juego comenzó a tomar mayor parte de mi tiempo. Nunca quise jugar, simplemente me dedicaba a ver desde afuera como un espectador, algo a lo que estaba acostumbrado.
Posteriormente comencé a analizar el mundo que me rodeaba de igual manera que aquel tablero: en los lugares donde estudié yo solo me limitaba a observar externamente la forma en que se comportaban los demás, sin cuestionarme a mi mismo por qué hacía eso.
Mis compañeros –y en general todas las personas- eran como piezas en un tablero, movidas por manos invisibles.
Ahora puedo decir que incluso en mi propia historia yo soy un personaje secundario. El verdadero protagonista es aquel ser que siempre estuvo ahí oculto en las sombras, y a quien yo nunca pude descubrir.
Fue inevitable mantener mi actitud, por un lado por que simplemente es una parte de mi ser desde que nací, y nunca me cuestione si era algo bueno o malo, simplemente era diferente: no encajaba en el mundo de los demás, pero eso no me aproblemaba ni me llenaba de rencor. Es decir, no sufría por ser así, como puede ser pensado comúnmente.
Así que simplemente fui consolidando mis habilidades para observar y analizar las cosas, y llegue a ser bastante bueno en eso.
Dedicándome a aquello es como conseguí empleo en un sitio donde confeccionan esencialmente objetos para obsequiar, bastantes inútiles si no fuera por que de alguna forma tienen un gran valor sentimental para las personas, exactamente como ocurre conmigo ya que también fabrican de aquellos mismos tableros de ajedrez tan especiales que marcaron mi forma de ser cuando en mi infancia.
Esos tableros son los mismos que debo observar ahora en mi trabajo, entre otras cosas. Básicamente lo que debo hacer es preocuparme de que no tengan fallas y todos resulten bien armados con sus piezas correspondientes. Es algo bastante simple, que no mencionaría si no fuera por el hecho de que gracias a hacer esto es como pude ver por primera y última vez al que fue mi perseguidor durante gran parte de mis años previos, y al único ser que nunca encontrar a pesar de que lo mejor que se me da es ver y analizar cada detalle.
La forma en que pude encontrarlo fue la que menos me había esperado: una de las cosas que debo hacer, como dije, es verificar que todos los objetos resulten como se supone que deben ser. Lo mas importante es verificar que estén todos los componentes donde y cómo deben ir. Dentro de las fallas que pueden surgir, lo más común es que falte alguna pieza, pero ni siquiera eso ocurre muy a menudo… Sin embargo ayer me topé con un caso único que nunca me había ocurrido: Encontré un tablero de ajedrez con una pieza de sobra… En aquel mismo instante me di cuenta que algo tan simple representaba perfectamente mi vida.
A mi mente confluyeron varios recuerdos, como la reacción que tenían los hombres del parque cuando no encontraban una pieza: no podían quedarse tranquilos hasta que apareciera, y realmente parecían alterados cuando tardaban en hallarla. O también como en todos los grupos de personas que me dediqué a observar siempre había alguien que desempeñaba una función, como el líder o el que hacía reír a los demás… en fin, la importancia que tenía cada persona dentro del conjunto era evidente, y si una de ellas no estaba entonces el grupo no estaba completo.
De igual manera ocurre con el tablero de ajedrez. Sin embargo, nunca me había cuestionado otro aspecto, y que ha sido sin duda el más relacionado con mi vida: Los casos en que hay piezas sobrantes. A nadie le importa eso, puesto que si el conjunto tiene todos los elementos que necesita, no le influye en nada tener otros de sobra.
Tras pensar todo lo anterior me di cuenta de que yo, en el tablero de la humanidad, era una pieza sobrante. De esa forma es como supe finalmente qué era aquello me había estado siguiendo toda mi vida… y no era una persona misteriosa o alguien de quién hubiera sospechado, sino que era una pregunta. Una pregunta de la cual siempre había tenido en mi mente el cuestionamiento, pero nunca había podido formular, a pesar de que es tan simple como… ¿Qué se hace con una pieza sobrante?
Lo que es realmente curioso es como toda mi forma de ser se reduce a aquella simple interrogante. Durante toda mi vida fui un observador y me mantuve al margen, pero en ningún momento me cuestioné por qué o hacía. Es decir, nunca me hice preguntas sobre quien realmente soy, y jamás pensé en el hecho de que quizás yo también tenía una función que desempeñar en el tablero de la humanidad. Pero ahora, al mismo tiempo que reflexiono sobre eso, la respuesta viene a mi de inmediato: Soy una pieza sobrante por que nunca me hice preguntas sobre mi mismo, y eso es lo que me diferenciaba y apartaba de los demás.
En este momento, en el cual he podido llegar a cuestionarme quien soy, quizás entro a ser parte de una u otra forma de aquel tablero manipulado por manos invisibles del que me había apartado...Todo se reduce al hecho de que lo importante no es buscar las respuestas a todas las preguntas, sino que jamás dejar de formularse interrogantes.
Así es que incluso aunque pueda saber la identidad de mi perseguidor, no significa que conozca de donde viene ni por que me sigue.
Después de todo, es poco probable que tengamos tiempo para poder saber todo eso, puesto que todos hemos sido seguidos alguna vez por algo que no hemos podido ver a pesar de todos los intentos.
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