El sonido del tren aproximándose a toda velocidad, el cartel de peligro, el ruido que hacen los pasajeros y una mirada fija dirigida a los rieles bajo el andén… surge entonces una curiosidad que solo se puede intentar satisfacer una vez, al mismo tiempo que el momento se empieza a convertir en pasado y las luces del carro se deslizan por la estación mientras éste se detiene.
Y entonces la curiosidad es apaciguada para renacer con más intensidad el día siguiente.
sábado, 23 de octubre de 2010
Olvidadizo
El día del señor Pérez comenzó como cualquiera: levantándose a las seis, con un apurado café para despertar y un beso a su esposa y su pequeño hijo antes de subirse al auto y recorrer las calles donde los santiaguinos malhumorados vociferaban contra el conductor de adelante como si éste fuese el causante de todos sus problemas.
Entre todo el alboroto de pronto el señor Pérez se sorprendió al percatarse de que él también estaba gritando y dando bocinazos… En ese mismo instante recordó que se le había quedado la educación en casa, y tuvo que devolverse a buscarla.
Entre todo el alboroto de pronto el señor Pérez se sorprendió al percatarse de que él también estaba gritando y dando bocinazos… En ese mismo instante recordó que se le había quedado la educación en casa, y tuvo que devolverse a buscarla.
La Línea
Siempre me he preguntado si alguno de entre todos los pasajeros que escucha día a día el típico ¡No pase la línea amarilla! alguna vez ha pensado que el asistente de andén lo dice para evitar que la gente cuerda cruce hacia la locura.
De todos modos, creo que soy el único que piensa sobre eso. Quizás en el momento adecuado no alcancé a escuchar la advertencia, y es por eso que ahora la gente me mira un poco raro.
Cada vez que me encuentro en el ajetreo del andén me pregunto si alguno de entre todos los pasajeros que escucha día a día el típico ¡No pase la línea amarilla! alguna vez ha pensado que el asistente lo dice para evitar que la gente cuerda cruce hacia la locura.
No sé qué cara debo poner cuando medito sobre eso, porque la gente me mira un poco raro.
De todos modos, creo que soy el único que piensa sobre eso. Quizás en el momento adecuado no alcancé a escuchar la advertencia, y es por eso que ahora la gente me mira un poco raro.
Cada vez que me encuentro en el ajetreo del andén me pregunto si alguno de entre todos los pasajeros que escucha día a día el típico ¡No pase la línea amarilla! alguna vez ha pensado que el asistente lo dice para evitar que la gente cuerda cruce hacia la locura.
No sé qué cara debo poner cuando medito sobre eso, porque la gente me mira un poco raro.
Pozas
La lluvia recién caída dejó espejos multiformes esparcidos por todas las calles. La mayoría de los pocos caminantes que transitaban mojados a esa hora los ignoraban, mientras que algunos los miraban de soslayo y los menos se detenían y contemplaban con curiosidad las imágenes que proyectaban.
Éstos últimos, tras observar un rato, seguían con su trayecto meditando si el reflejo presenciado era lo que esperaban ver mientras el sol comenzaba a sonreír entre las nubes.
Éstos últimos, tras observar un rato, seguían con su trayecto meditando si el reflejo presenciado era lo que esperaban ver mientras el sol comenzaba a sonreír entre las nubes.
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