El día que precedió aquella noche fue neblinoso y frío. Al atardecer aquellas condiciones se mantuvieron cuando mi amigo se encontraba contemplando el mar como era su costumbre al meditar.
Él sabía que en algún momento del rato que llevaba ahí había transcurrido el ocaso, pero no lo pudo apreciar debido a la neblina que confundía toda la visibilidad del entorno. Lo único que veía era el horizonte calmo.
Pensaba en su vida y su situación en ese momento… tenia muchos problemas, a los que no encontraba solución.
A veces solo pensando de forma tranquila se puede llegar a encontrar la respuesta a un dilema, pero aquella noche eso no ocurrió.
En aquel atardecer todo era peor. Me hubiera gustado llegar y estar ahí para animarlo, pero en aquel momento no habría alcanzado a hacerlo.
Él reflexionaba sobre su soledad: a pesar de tener un reducido círculo de conocidos con quienes se llevaba bien, ayudándolos siempre que podía, y de su cercanía a sus familiares además de ser alguien muy estimado por sus pares, nada de eso cambiaba el hecho de que se encontraba solo.
Mas el mismo se había apartado de los demás, no por que quisiera, si no por que no era capaz de cultivar una amistad, pues carecía –y aún no tiene- aquella pieza del rompecabezas humano la cual permite saber que decir y como actuar en determinadas situaciones cuando se interactúa con otros.
No conocía como suplir esa falta, por lo que solo evitaba hablar y así no pasaba malos ratos diciendo cosas inoportunas. Por eso ya casi no se acercaba a nadie, lo que lo atormentaba y le traía más preocupaciones de manera paulatina.
La neblina aumentaba a medida que él seguía profundizando en sus pensamientos, de igual manera la oscuridad de la noche. Ya todo parecía abstracción, ningún contorno era apreciable excepto la línea del horizonte. Tenía la vista puesta en algún punto de éste.
Ahora analizaba sus metas para la posteridad…No tenía ni una. Solo vivía de acuerdo a sus necesidades inmediatas. Hacia bien las cosas que le tocaran hacer pensando que en el futuro le servirían, pero no veía el porvenir con expectativas de algo que pudiera interesarle.
Nada le llamaba la atención.
No tenía un objetivo en la vida, ningún anhelo… nada.
La noche ya estaba avanzada. Mucho rato llevaba meditando inmóvil… había surgido en él la idea de que aquella oscuridad no terminaría.
Seguía recapacitando su situación con pesimismo: se daba cuenta de que últimamente, y contrario a lo habitual, todo le venia saliendo mal… cometía muchos errores, no podía concentrarse en nada y no cumplía con lo que le pedían los demás.
Esto acrecentaba su malestar anímico, pues él siempre se había visto a si mismo como un inútil con la intención de superarse, pero ahora esa motivación había quedado aplastada.
No se veía ninguna utilidad para si mismo ni para los demás.
Por un momento, pensando en como concluir todo, en aquella larga noche quiso que el mar se alzara en una gran ola y se lo llevara a la infinidad del horizonte. Sería la excusa perfecta para dejar de existir sin tener que quitarse él mismo la vida.
Deseó fuertemente aquello, era la única cosa que con seguridad había querido aquella noche, y así por un momento le pareció ver que el mar se replegaba y que a lo lejos se formaba una gran acumulación de agua. Hasta tuvo la idea de escuchar el creciente murmullo del agua en movimiento.
Todo esto acrecentó su expectación… ¿Nacería la ola salvadora?
No… En aquel momento no vino ningún embate del mar como el que había imaginado esperanzadamente. La liberación no llegaría de ese modo.
Sin embargo, en vez de eso vio algo que lo sorprendió: la neblina se estaba disipando.
Era la hora en que la noche daba paso al día. Y también la que traería un gran cambio en su vida.
El impacto que tuvo en mi amigo la contemplación del alba lo hizo pensar en todas las personas que, como él, estarían deambulando en la noche, atrapados por la niebla sin poder encontrar una salida, aguardando por un leve destello que disipe la bruma y los guíe.
Al percatarse de aquello, en su mente surgió una reflexión: analizó el hecho de que había gente tan o más desafortunada que él, sin amistades ni motivaciones personales, desamparados ante la soledad. Pero además no tenían ninguna posibilidad -o si la tenían era en extremo remota- de que viniera alguien a guiarlos y a sacarlos de aquel estado de abstracción y desmotivación.
Él, por suerte, había podido liberarse… ¿lo guió alguien, o acaso él mismo, a hacerlo? ¿O tal vez fue la suerte?
La respuesta a esa pregunta en aquel momento era irrelevante.
Lo primordial es que al pensar en aquellas personas más desafortunadas que él, y en que su vida siempre había sido dispuesta para ayudar a los demás sin centrarse en si mismo, pudo llegar con claridad a una determinación:
Buscaría ayudar a los demás que aún se encontraban en la niebla y jamás habían visto un amanecer como él.
Y al momento de tomar dicha decisión es cuando me encontró y comenzó nuestra amistad. Él no lo sabía, pero yo lo conocía desde mucho antes. Estuve ahí, resguardándolo y esperando a actuar en caso de que ocurriera lo peor… y al decir esto, podría surgir la pregunta:
¿Qué hubieras hecho si es que hubiera ocurrido una tragedia?
A lo que yo respondería: ¿Quien sabe si acaso no comenzaba a ocurrir?… e incluso ¿quién puede afirmar que yo no hice nada?
Desde aquel instante en que supo de mi existencia hemos sido siempre compañeros: he actuado como su consejero y estado ahí cuando necesita consuelo.
Aún así, la verdad es que me gustaría decir que soy real, pero no puedo mentir. Yo solo existo para él. Creo que eso no lo sabe, pero tampoco es relevante.
Lo que sí está claro es que no puedo ser su único compañero, pues yo solamente he acudido cuando él me necesitó, y ahora que su vida se ha estabilizado solo espero que un amigo de verdad venga para evitar que caiga nuevamente en aquella oscura niebla de la soledad permanente.
He cumplido mi función, pero nunca nadie lo sabrá: El atardecer en que mi amigo se encontraba meditando frente al mar casi ocurre una catástrofe marítima, la cual hubiera terminado con la vida de una sola persona, pero hubiera tenido múltiples heridos y habría traído sufrimientos a muchos.
No sería apropiado decir mi nombre, pues no tengo. Cada quien denomina de alguna forma a los amigos como yo, que siempre existiremos sólo en el interior…
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