El sonido del tren aproximándose a toda velocidad, el cartel de peligro, el ruido que hacen los pasajeros y una mirada fija dirigida a los rieles bajo el andén… surge entonces una curiosidad que solo se puede intentar satisfacer una vez, al mismo tiempo que el momento se empieza a convertir en pasado y las luces del carro se deslizan por la estación mientras éste se detiene.
Y entonces la curiosidad es apaciguada para renacer con más intensidad el día siguiente.
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