La lluvia comenzaba a caer mientras la gente transitaba apresuradamente por las calles en un solo sentido. En una hazaña digna de admiración, un valiente se intentaba abrir paso entre la multitud.
Por un instante se sentó a tomar aliento en una banca y contempló la lejanía, donde vislumbró la imponente cordillera y sintió la lluvia refrescando su cansancio. Percibió también el revitalizante aroma de las flores y una sensación de bienestar de apoderó de él.
Pensó entonces que había encontrado el tesoro que buscaba: aquel instante de tranquilidad en las tierras de la incesante actividad.
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