viernes, 23 de abril de 2010

Ecos

Tomar un paseo y pensar las cosas al ritmo que nuestros pies nos quieran llevar siempre influye en las decisiones que estemos prontos a tomar. Simplemente abrir la puerta y salir a contemplar el paisaje, muchas veces parecido a aquel que se aprecia en nuestra mente, permite entender a cabalidad el panorama de nuestros pensamientos como si en vez de contemplar arboles y montañas estuviéramos ante la vista de aquello a que nuestras ideas nos quieren llevar.
Un grupo de personas llegó a creer esto en un día de aquellos que no son recordados por los actos y la rutina entablada sino por las reflexiones y conclusiones a las que finalmente llegaron.
Numerosos caminantes trazaban aquella famosa ruta turística en un valle por las afueras de un pequeño pueblo, impresionados por la grandeza del paisaje que se desplegaba a sus ojos constituyendo un escenario que nunca había presenciando al menos con sus propias retinas. Eran unas vacaciones que todos por mucho tiempo ansiaron disfrutar debido al alto agotamiento provocado por las diversas situaciones y decisiones importantes de la cotidianidad. Por eso la calma del lugar al que eran guiados tenía un efecto tan tranquilizador con el que se sentían de plena forma, sin estar seguros de si esa sería una sensación única o a la que quizás podrían llegar nuevamente. Se preguntaban, sin darse cuenta, una de las interrogantes más relevantes que puede llegar a formularse una persona.
La tranquila atmósfera del lugar evitó que se percataran de que el guía con el que habían estado durante todo el trayecto de pronto no estaba ahí. De un momento a otro, la persona que los había llevado a aquel lugar tan único al que ellos no habrían podido llegar solos ya no estaba. Solo dependía de ellos salir y quizás volver allí si es que lo deseaban. Pero ellos no se habían dado cuenta, y antes de que las penumbras de un frio anochecer los rodeara cada quien había dirigido sus pasos a los sitios de aquel valle que más los sorprendían.
Bosques, montañas, ríos, cascadas, abismos. Innumerables lugares pueden apaciguar nuestros sentidos y deslumbrar a una imaginación que finalmente pareciera canalizada en esos sitios, los cuales representan de forma plena las intenciones y pensamientos de un caminante que transita en aquel dificultoso camino que todos estamos destinados a trazar. Cada uno de los turistas se encontraba en su propio sitio ideal, en el que veían florecer todas las soluciones posibles a sus problemas. A la vez, sin embargo, era visible una cueva que inspiraba inseguridad, de una oscuridad en la que parecían desembocar todos los pensamientos negativos. A pesar del poco amparador panorama que ofrecía esta cueva en su interior, cada uno de los caminantes estaba seguro de que debía adentrarse en ella una única vez para después nunca más tener que volver a hacerlo.
A esas alturas el sol ya se había ido y hacía darse cuenta a los viajeros que ningún lugar es ideal cuando se está completamente abstracto del ambiente y para entonces ya se sentían perdidos y friolentos, ansiando reencontrarse con el guía para volver a estar a salvo. Pero era evidente que eso no pasaría al menos por esa noche, y por ende debían buscar refugio. Cada uno, entonces, se internó en las inciertas profundidades de la cueva para ampararse del frío.
En el interior la situación no parecía cambiar mucho. El frío aún era penetrante, y el sentimiento de encierro incomodaba más que el temor al aire libre. Sorpresivamente cada una de las cuevas era mucho más profunda que cualquiera de los que la habían visto por fuera pensaba, y en los rincones más remotos parecía venir un sonido extraño, mezcla de consuelo y desesperanza: era de origen humano, pero con un tono desgarrador. En aquellas situaciones en que predomina la oscuridad y soledad, como en el interior de un túnel, siempre prevalece la búsqueda de compañía. Por eso es que cada uno de los viajantes se decidió a adentrarse en las profundidades de la caverna y encontrar el origen de aquel extraño sonido, demasiado ambiguo como para identificarlo.
El cambio de las circunstancias, aún no asimilado, había hecho oscilar los sentimientos de cada uno desde la más grata comodidad hacía una amarga desolación. Al pensar en eso siempre se prefiere que el orden sea el contrario, pero aquellos pasadizos por los que transitan los estados de ánimo siempre pueden ser recorridos en el doble sentido, siendo el principal desafío viajar por el correcto. De alguna manera los turistas perdidos tenían la esperanza de poder volver a salir a un lugar como el que se encontraba por la entrada que tomaron, pero antes necesitaban entender el significado de aquel sonido proveniente del interior de aquel túnel que parecía interminable. Poco a poco este sonido se hacía más perceptible, hasta que finalmente era clara la naturaleza de éste: era un eco proveniente de cada uno de los túneles que finalmente desembocaban en un único sitio en aquella cueva de aire enrarecido y oscuridad inevitable.
Fue así como todos los caminantes se reunieron el aquel sitio, donde no solo los pasadizos confluían sino que también los miedos individuales de cada uno. Los ecos de sus pasos y el jadeo de la respiración llamaron la atención del resto desde el momento que entraron a la caverna. De esta manera es como llegaron a encontrarse, quedando finalmente todos en el fondo de una cueva con un gran número de entradas pero con una única salida, que ahora debían encontrar todos juntos de entre el gran número de pasajes.
En aquel momento en que todas sus miradas atemorizadas se cruzaron cada uno comprendió que dependía de su propia unión y trabajo conjunto el poder encontrar la salida. Ya no había un guía que les señalara el camino, ellos mismos tendrían que actuar en conjunto para poder llegar al exterior y de esa forma jamás volverían a perderse en una cueva como aquella. Habían entendido que la suma de todas las experiencias y todos los caminos tomados por los aspectos de su personalidad permitían salir de los lugares más oscuros, y es por eso que aquel conjunto de caminantes jamás volvería a separarse como tampoco lo hacen nuestras emociones.
Finalmente encontraron la salida, tomando el túnel por el que ninguno había transitado y llegando nuevamente a aquel valle donde todas sus percepciones se habían asombrado. Ahí estaba otra vez el paisaje que tanto los había deslumbrado, esta vez contemplado desde una nueva ubicación en la que no habían estado antes y a la vez pareciendo mucho más brillante ante la luz de un sol naciente que conoce un nuevo amanecer. Habían estado deambulando por las profundidades de aquella cueva durante toda la noche, pero nada de eso importaba porque ya se encontraban en el exterior. Ni la ausencia del guía o de un equipo de rescate afectó su renovado bienestar, pues entendían que no eran necesarios ninguno de los dos. Ahora ellos eran sus propios guías y parecía evidente que en ningún momento habían dejado de serlo, excepto en aquel momento en que todos sus pensamientos se detuvieron y solo se quedaron contemplando el paisaje, olvidándose tanto de sus otros compañeros como también del panorama. Lo importante es que finalmente volvieron a ser capaces de trazar el camino, y ahora siempre podrían volver a aquel lugar en que la mente parece converger con la realidad y las emociones parecen canalizadas en el entorno.
Muchas veces hay personas que nos pueden llevar a un lugar que queremos, pero lo importante es no perderse en aquel sitio y ser capaces de encontrar el camino de vuelta si finalmente nos perdemos. Es en aquellas situaciones en las que debemos recurrir a cada uno de los caminantes en nuestra mente y conformar el que sería el propio guía que nos guie afuera. Por ligero que sea un paseo que tomemos, siempre hay una aventura con infinidad de sitios esperando, y no precisamente lugares que se recorran con nuestros pies ni sean visibles con nuestros ojos. Lugares donde las emociones son el paisaje y son audibles los remotos ecos de nuestras intenciones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario